Sé que ha pasado mucho tiempo. Sé que habéis continuado con vuestras vidas como si no hubiera pasado nada, como si mi desaparición no hubiera supuesto ningún trastorno en absoluto en el devenir de vuestras insignificantes vidas. Pero yo sé que no es así. Sé que mi ausencia derivó en un duro varapalo para vuestro estado de felicidad. Pero no desesperéis. Dejad de fustigar vuestro cuerpo mientras rezáis por mi regreso. Éste será mi segundo (y espero que último) advenimiento. Pues he vuelto para quedarme.
Vamos pues con la receta de hoy, la cuál he desarrollado aprovechando la huelga estudiantil convocada para estos días. Porque a mí las manifestaciones esas de rojos de mierda pidiendo cosas gratis cuando no han dado un palo al agua en su vida me importan tres cojones, así que me tomo la huelga como unas pequeñas vacaciones.
Decir antes que nada que en realidad es balotina, pero me hacía gracia pensar en alguien buscando información sobre Balotelli en google y acabando en este blog de pura chiripa. Si bien, la receta de hoy es la conjunción perfecta de la triada nutricional, el padre, hijo y espíritu santo de la alimentación, un plato que es uno y trino, y que seguro que hará que os pongáis tan fuertes como una fusión entre el mismísimo Balotelli y Geodude. Vamos allá:
