Cuentan las leyendas que allá por 1574 las técnicas del
cortejo humano no se escribían en la red sino en pergamino y, gracias a ello, muchas han llegado hasta nosotros. Uno de estos ardides sexuales está protagonizado por un joven milanés, italiano de pura cepa, de los de prometer la Luna para meter mano. El tío trabajaba en el taller de vidrieras del Duomo de Milán a las órdenes del artista Valerio de Flandes y este último, inconsciente, decidió pasar una mañana a su hija por el taller. "¡PUM! ¡Pido!", retumbó la voz del joven milanés desde el fondo del estudio. Desde entonces comenzó a lanzar una incesante lluvia de fichas a la hija de su jefe. Fichas infructuosas, por otra parte. El milanés, desesperado, tiró de su última baza: inventar en la cocina. Nació así el
risotto, extendiéndose desde entonces por toda Italia, encantándole a la hija de Valerio y permitiendo al joven conquistador meterla en caliente de una vez por todas.
El origen de la carbonara sin embargo, se sitúa a mediados del siglo XX, en plena II GM. En algún punto de Italia, después de una noche de juerga de las que solo se corren cuando sabes que puedes morir mañana o pasado (de resaca, probablemente), los soldados británicos y estadounidenses se disponían a hacer su desayuno de pitanza, comenzando un mañaneo que sería recordado por siempre. Si algo había traído de EEUU aquella milicia no eran armas, fuerza física o valor, eran lonchas de bacon y huevos. Y marrones como los tenían de comer cada mañana lo mismo decidieron pasarse por la casa de una MILF italiana e intentar, de nuevo, inventar en la cocina. El resultado fue mezclar bacon, huevos y pasta al dente. ¡Voìla! Nació la pasta carbonara. Pero, ¿por qué carajos se llamó así? Pues porque los partisanos italianos vieron que les venía fetén para la resaca. Y, ¿dónde se escondían estos de los jodidos nazis? En las minas de carbón, de ahí el nombre.
Hoy os presento, en mi estreno como colaborador de este blog, una receta que mezcla el poder conquistador del risotto con las propiedades anti-resaca de la carbonara: el buen risotto a la carbonara.
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| Un primer plano de la receta, que siempre queda de quinse. |