martes, 29 de abril de 2014

El buen Risotto a la Carbonara

Cuentan las leyendas que allá por 1574 las técnicas del cortejo humano no se escribían en la red sino en pergamino y, gracias a ello, muchas han llegado hasta nosotros. Uno de estos ardides sexuales está protagonizado por un joven milanés, italiano de pura cepa, de los de prometer la Luna para meter mano. El tío trabajaba en el taller de vidrieras del Duomo de Milán a las órdenes del artista Valerio de Flandes y este último, inconsciente, decidió pasar una mañana a su hija por el taller. "¡PUM! ¡Pido!", retumbó la voz del joven milanés desde el fondo del estudio. Desde entonces comenzó a lanzar una incesante lluvia de fichas a la hija de su jefe. Fichas infructuosas, por otra parte. El milanés, desesperado, tiró de su última baza: inventar en la cocina. Nació así el risotto, extendiéndose desde entonces por toda Italia, encantándole a la hija de Valerio y permitiendo al joven conquistador meterla en caliente de una vez por todas. 

El origen de la carbonara sin embargo, se sitúa a mediados del siglo XX, en plena II GM. En algún punto de Italia, después de una noche de juerga de las que solo se corren cuando sabes que puedes morir mañana o pasado (de resaca, probablemente), los soldados británicos y estadounidenses se disponían a hacer su desayuno de pitanza, comenzando un mañaneo que sería recordado por siempre. Si algo había traído de EEUU aquella milicia no eran armas, fuerza física o valor, eran lonchas de bacon y huevos. Y marrones como los tenían de comer cada mañana lo mismo decidieron pasarse por la casa de una MILF italiana e intentar, de nuevo, inventar en la cocina. El resultado fue mezclar bacon, huevos y pasta al dente. ¡Voìla! Nació la pasta carbonara. Pero, ¿por qué carajos se llamó así? Pues porque los partisanos italianos vieron que les venía fetén para la resaca. Y, ¿dónde se escondían estos de los jodidos nazis? En las minas de carbón, de ahí el nombre. 

Hoy os presento, en mi estreno como colaborador de este blog, una receta que mezcla el poder conquistador del risotto con las propiedades anti-resaca de la carbonara: el buen risotto a la carbonara

Un primer plano de la receta, que siempre queda de quinse.

miércoles, 23 de abril de 2014

Solom... Merluza Wellington de dies

Por todos es bien conocido ese glorioso manjar que la naturaleza y las manos de algún iluminado hicieron bien en brindarnos a fin de deglutirlo y convertirlo posteriormente en una sustancia que en absoluto le hace honor.

El origen del solomillo Wellington es un tanto confuso. Si bien parece estar clara su procedencia inglesa. Se dice que la receta hace honor a Arthur Wellesley (primer Duque de Wellington); y que, además, se elaboró como una variante del Boeuf en Croûte francés durante las Guerras Napoleónicas. Por aquello de distanciarse de los franceses en todo lo que se pueda. En cualquier caso, UN DIES para quienquiera y cualquiera que haya sido el inventor y el motivo.

Lo de hoy no es otra cosa que lo resultante de intentar darle una vuelta de tuerca a la receta. Y, si bien no puedo afirmar que sea tan de quinse como el solomillo Wellington, sí que puedo asegurar que no dejará insatisfecho a ningún comensal cuyo gusto no esté totalmente atrofiado. Vamos a ello.

martes, 15 de abril de 2014

Empomar

Hacer que un género adquiera una textura de pomada por diversas técnicas: Dejando atemperar, por golpeo...

Mantequilla empomada

Un sobao de dies

Hola a todos.

No se me ocurría un mejor escenario para inaugurar un blog dedicado a la cocina que el mostrado por un martes de pitanza. Si alguno aún no sabe de qué va dicha vaina en particular, no os preocupéis, enlazaré conceptos que podáis desconocer (tanto culinarios como no) con su correspondiente definición en la sección de "Vocabulario" dentro de este mismo blog, a fin de facilitaros las cosas y que no tengáis que estar buscando por google por si de repente digo, no sé, que escalivéis los tomates.

Dicho lo cual, huelga decir que todo lo aquí presentado posee una valoración de dies, así que si estabais pensado en hacer un solomillo a la pimienta de siete o una ensaladilla rusa de nueve, este no es vuestro blog. 

Así pues, no se me ocurría mejor manera de empezar algo como ésto que con la receta de un sobao de dies, por causas más que obvias, las cuales no pienso reseñar en ningún momento.