Tras la consecución de unas fiestas de Mayo de Cabanillas nada desdeñables y el posterior trauma acumulado tras la ingesta masiva de elementos que no hacen más que fomentar un estado de salud nada óptimo, hoy vengo con una receta que intentará hacer las veces de purificador físico y mental. Y que además os vendrá bien para la operación bikini. Gordos.
Antes de que saltéis a la yugular increpándome por tomaros por idiotas que no saben ni hacer una triste ensalada y que por eso os voy a enseñar a hacer una, sabed que efectivamente os tomo por idiotas, pero no tanto. No es el objetivo de esta entrada enseñaros a hacer esta ensalada en particular, pues cualquiera puede buscarla en "Google" y arrojar los ingredientes con cierto desprecio dentro de un bol. Voy a enseñaros a hacer, o por lo menos a intentarlo, uno de sus ingredientes principales, que no es otro que la mozzarella. Veamos, pues, una manera de hacerla, que si bien no es la óptima, sí es la más asequible.
Antes de que saltéis a la yugular increpándome por tomaros por idiotas que no saben ni hacer una triste ensalada y que por eso os voy a enseñar a hacer una, sabed que efectivamente os tomo por idiotas, pero no tanto. No es el objetivo de esta entrada enseñaros a hacer esta ensalada en particular, pues cualquiera puede buscarla en "Google" y arrojar los ingredientes con cierto desprecio dentro de un bol. Voy a enseñaros a hacer, o por lo menos a intentarlo, uno de sus ingredientes principales, que no es otro que la mozzarella. Veamos, pues, una manera de hacerla, que si bien no es la óptima, sí es la más asequible.
Hacer mozzarella, como cualquier otro tipo de queso, necesita de un control preciso de la temperatura para que los fermentos actúen correctamente. Es por ello por lo que deberíamos contar con un termómetro de cocina entre nuestros útiles. Podréis encontrarlo con cierta facilidad en cualquier Corte Inglés y a un precio que ronda los 8-10€.
Otro elemento indispensable en la elaboración del queso y que no es muy habitual en la cocina casera es el cuajo. Se trata de fermentos animales, generalmente de la ternera o del cordero. Éste puede comprarse en toda farmacia que se precie, tanto en polvo como líquido y en formatos de diversos tamaños y precios. En nuestro caso utilizaremos cuajo líquido, que me resulta personalmente más manejable.
El puro cuajo.
Y cómo no, la leche. Leche fresca entera de vaca en este caso. En realidad, mozzarella sólo puede llamarse al queso elaborado a partir de leche de búfala. Si encontráis leche de dicho animal hacedme saber dónde, porque a mí me ha resultado imposible encontrarla en un radio de 300m desde mi casa. Así pues, nos conformaremos con la leche de vaca. Siempre fresca. Siempre entera. Lo demás es agua blanca.
Leche fresca de mi nabo vaca.
Dicho ésto, vamos con la elaboración en sí.
1º- Nosotros hemos utilizado 2 litros de leche, por lo que necesitaríamos unas 3 cucharadas de cuajo. El primer paso sería el de calentar la leche a una temperatura entre 36 y 38ºC, para lo cual precisaremos de nuestro magnífico termómetro.
El termómetro de cocina es una herramienta de lo más útil salvo porque sólo la he usado para ésto en toda mi vida.
2º- Una vez alcanzada la temperatura, añadimos el cuajo y dejamos reposar durante unas dos horas. Que veamos que ha cuajado bien. El cuajo hace que a esta temperatura la caseína precipite, provocando que se corte la leche, coagulándola y haciendo que se desprenda el suero.
3º- Cortamos la cuajada en cuadrados y cocemos de nuevo durante unos 5 minutos hasta que alcance los 42-44ºC y dejamos enfriar.
4º- Aquí, en imágenes mejor. Lo que veréis será parte de la cuajada resultante:
4.1 Extracción y colado de la parte cuajada hasta quitar todo el suero.
4.2 Formado de bolas más o menos uniformes salvo que os importe una mierda como a mí e introducción en un bol con agua con sal.
4.3 Retirado de las bolas una vez saladas y moldeado posterior porque me sentía un poco mal dejándolas tan feas.
Una vez hemos llegado a este punto, lo único que quedaría sería montar la ensalada en cuestión, para lo cuál necesitaremos de los siguientes ingredientes para unas dos personas:
-Vinagre de Módena
-Aceite de Oliva Virgen Extra
-2 tomates
-Orégano
-La mozzarella previamente realizada
-24 aceitunas negras sin hueso. Ni una más ni una menos.
Como ya os comenté, mi cocina es muy precaria, así que en mi caso las aceitunas pueden tener algún resto de hueso, como bien avisa la banda roja.
Las cantidades van un poco al gusto (salvo en las aceitunas), pero intentando siempre terminar el plato con orden y concierto. Es dejo una imagen representativa, que no es que sea la mejor forma de emplatar la ensalada ni mucho menos, pero por dejar alguna idea:
Sí, ya lo sé, yo he usado aceitunas verdes en vez de negras, pero es que las negras tenían, efectivamente y de manera bastante poco excepcional, restos de hueso.
Con esto y unas carreritas bien entrada la tarde os auguro un verano
DE DIES








Interesante lo del queso, aunque en las fotos me parece que se queda un poco menos compacto que la mozarella comprada, ¿no?.
ResponderEliminarUna sugerencia, a la ensalada añadele un poco de albahaca fresca, que le va a dar un toque muy mediterraneo.