Con un par de días de retraso respecto al último Martes de Pitanza me dispongo a relatar mi última frivolidad en la vitro de mi humilde hogar. Una cosa simple. Una hamburguesa. Pero no cualquier hamburguesa. Una hamburguesa que hace que todo el mundo frunza el ceño cuando se le relata su ingrediente principal. Una hamburguesa que cambió el rumbo de mi vida y probablemente el de la historia. Una hamburguesa para dominarlos a todos y atarlos en la gordura. La Luther Burger.