No se me ocurría un mejor escenario para inaugurar un blog dedicado a la cocina que el mostrado por un martes de pitanza. Si alguno aún no sabe de qué va dicha vaina en particular, no os preocupéis, enlazaré conceptos que podáis desconocer (tanto culinarios como no) con su correspondiente definición en la sección de "Vocabulario" dentro de este mismo blog, a fin de facilitaros las cosas y que no tengáis que estar buscando por google por si de repente digo, no sé, que escalivéis los tomates.
Dicho lo cual, huelga decir que todo lo aquí presentado posee una valoración de dies, así que si estabais pensado en hacer un solomillo a la pimienta de siete o una ensaladilla rusa de nueve, este no es vuestro blog.
Así pues, no se me ocurría mejor manera de empezar algo como ésto que con la receta de un sobao de dies, por causas más que obvias, las cuales no pienso reseñar en ningún momento.
Lo primero, como con todo, es hacer acopio de todo lo que necesitemos para la correcta consecución de los procesos (del mismo modo que un asalto al género opuesto con fines sexuales no puede efectuarse sin fichas, no podemos pretender hacer un sobao sin harina). Allá van, pues, los ingredientes necesarios:
- 250 g de mantequilla empomada
- 250 g de harina
- 250 g de azúcar
- 9 g de levadura química
- 3 huevos
- Medio vasito de anís del mono
Es de vital importancia que el anís sea anís del mono y no anís del gallardo ni anís del tonto o de cualquier de las localidades aledañas a la gloriosa Cabanillas del Campo.
Una vez hemos dispuesto de todo lo necesario, comencemos con los procesos:
1.- Lo primero de todo sería mezclar la mantequilla empomada con el azúcar. Para que veáis qué textura ha de tener la mantequilla en este caso en particular os pongo una imagen, espero que aclaratoria.
.Con dejar la mantequilla a temperatura ambiente durante una hora o así, debería ser suficiente para conseguir esta textura un tanto disgustín.
2.- Después, vamos añadiendo los huevos uno a uno a fin de mezclarlos de la manera más homogénea posible. En un bol aparte, meclamos la levadura con los 250 g de harina. Llegados a este punto, la mezcla debería resultar tal que así:
Mantequilla empomada, azúcar y los tres huevos.
3.- Añadimos la harina poco a poco y removemos bien la mezcla, evitando en todo momento que queden grumos. Vertemos el anís en la mezcla, removemos de nuevo y nos servimos otro vasito con un poco de hielo para degustarlo nosotros también.
4.- Extendemos en el molde previamente engrasado y lo metemos al horno a 180º durante 30-35 minutos.
Lo ideal sería que tuviéramos un molde de esos que se abren, pero mi cocina es un tanto precaria (como bien observaréis en próximas entradas), así que he cogido una bandeja para hacer lasañas y he puesto un trozo de papel de aluminio engrasado por encima a fin de poder sacarlos luego con facilidad.
Una vez discurrido el tiempo de cocción, del cuál deberíamos estar atentos siempre y cuando la ingesta de anís no haya hecho estragos en nuestras aptitudes sensoriales, el bizcocho debería tener una pinta más o menos similar a esta:
Y eso sería todo. Sería conveniente dejarlo enfriar un ratejo, pero eso ya como vosotros queráis. También lo podéis decorar a vuestro antojo si creéis que sois gente con cierto nivel artístico y algún sentido de la estética. En mi caso, lo he decorado con glasa de colores con el nombre de mi grupo, del cuál aprovecho para hacer cierto spam:
Como veis, lo del nivel artístico y la estética a mi me importa una puta mierda.
Ya me diréis qué os parece si algún día llegáis a hacerlo, pero por el momento la valoración de este humilde aprendiz es:
DE DIES
Sección de spam:






Glorioso
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